Mostrando entradas con la etiqueta Eso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eso. Mostrar todas las entradas

31.1.09

Eso

Llevaba más de tres días acurrucada en ese húmedo tronco, sus ojos hinchados contrastaban con el resto de su esquelética cara de tal forma que un inusual viajero la hubiera confundido con una Mori; digo inusual porque el acceso a aquel lugar era más bien acuático o por medio de una serie de ramas, y desde que ella tuviera consciencia ninguna criatura a la que estuviera acostumbrada se había acercado alguna vez a los límites del pantano.

 En su cabeza repetía se repetía la pregunta “¿Cuándo vendrá al fin por mí?” con una frecuencia agotadora; hasta había logrado llegar a un estado de petrificación a causa del frío, o eso quería creer, sabía que sólo con pensar en moverse su cuerpo no vacilaría y le ganaría a la decisión. Su única reacción visible eran los fluíos que le escurrían sin descanso por ojos y nariz, porque así como no daba señales de vida, tampoco las daba de muerte: insectos, hongos y otros parásitos habían aprendido a respetarla hace años por ser su única compañía, pero en este último viaje no tardaron en empezar a rehuirla. Y la anfitriona seguía en espera.

 En los lindes del pantano varios individuos vivían sus vidas sin mayor interés pero con energía: comían, trabajaban y, sobre todo, procreaban a otros seres funcionales y, con muy raras excepciones, estériles. De vez en cuando las Mori castigaban el agravio, pero el orgullo de aquellos seres por su in-naturaleza los convertía en una fortaleza inquebrantable. Por eso mismo, los progenitores pronto quedaron discriminados a base de placeres y lujos exagerados de parte de aquellas criaturas que, mientras asumían el poder, se aseguraban del mantenimiento de su arsenal. Poco se demoró el proceso de instaurar ese patrón único de funcionalidad en sus mentes, y muchas generaciones atrás a ninguno de ellos se le había sido enseñado a pensar.

 Para los viajeros de otras tierras eran escasas las ocasiones que se veían obligados a pasar por esos lindes, y cuando lo hacían, desde memorias ancestrales, lo habían encontrado deshabitado; y las desapariciones ocurrían por las tierras falsas que las Mori extendían como parte de sus chanzas. Pero ellas nunca atacaban a la sustancia.

Nadie escapaba del secuestro masivo de emergencia genómica como para esclarecer las ideas.

 En el tronco ella la seguía esperando, sus cálculos habían errado pero el fin siempre estaba en algún lugar del horizonte.

 ... 

Los análisis habían calificado como positivo el proceso anti-mestizaje cada 10 años para la creación de nuevos progenitores, porque aunque de los viejos salían mejores criaturas éstos estaban a un paso de la tumba. “Tumba”... ante ese pensamiento Radel recordó los intentos de su mascotita de serle infiel, y una risa tan suave como un zumbido retumbó en las rocas del acantilado. Su mascota había sido fruto de su reciente investigación, pero los resultados se dieron más rápido de lo que le llevaba a la comunidad aceptar semejante noticia. Además,  aquella “humana” (era la descripción que más se le asemejaba entre las que había podido encontrar), como cualquier otra criatura de sustancia, buscaba otra especie con capacidades parecidas a las suyas para cumplir su requisito. No sólo eso. Por alguna razón su resistencia hacia los in-naturales, como su amo, la desbocaba hacia la búsqueda de la criatura más natural que podría haber existido nunca. No, andaba en espera, pero La Muerte se demoraba en hacer su aparición.

 Desde cada burbuja del agua pantanosa las Mori en turno de vigilancia evaluaban a la chica, era claro que La Muerte la trataría distinto a como era su deber cuando la conociera.

Las tres partes tenían una decisión que tomar.