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Capítulo 1b
No sabía a dónde nos dirigíamos, y el estar detrás del líder me hacía más vulnerable a errores, todavía no había aprendido a manejar un alto rango. Me preguntaba qué estarían pensando de mí los demás, pero en la atmósfera se sentía que yo era lo menos relevante en la situación tanto como para no querer informarme de la misma… que desespero. Hasta el momento no me había dado cuenta que no habíamos atravesado ningún asentamiento humano, que raro con lo que habíamos volado prácticamente hubiéramos atravesado medio mundo, unos gritos de pavor hubieran sido de lo más relajantes en esta situación para todos. Miré a mi hermano, mi líder, en busca de respuestas. Él se dio cuenta y dirigió su mirada hacia el suelo, estaba surcado por varias líneas que iban de una mancha a otra que se distinguían porque allí no había vida, quizá uno o dos árboles por mancha, pero comparados con los árboles del bosque que dividían estaban casi muertos. Me sumergí en esos caminos tratando de averiguar por qué estaban allí, no formaban ningún tipo de símbolo ni había simetría en los trazos, estaban hechos por criaturas sin conocimientos y sin uso de la razón, hechos “porque sí”. De todos modos, nunca los había visto.
De un momento a otro las alineaciones redujeron el espacio que abarcábamos cogiéndome desprevenida, ya no faltaba mucho para llegar. Miré por primera vez hacia el frente. En el horizonte se alcanzaba a vislumbrar una gran cordillera de montañas, en su mayoría rocosas, pero sobresaliendo de ellas había un risco bastante afilado que cualquier forma viviente hubiera evitado por instinto. Ese era nuestro destino. Algo más captó mi atención, tras las montañas se podía distinguir un bello atardecer teñido de verde, algo que nunca me hubiera podido imaginar, cada línea dibujada en el cielo adquiría un matiz único que brillaba con luz propia y le otorgaba una cantidad especial a cada rincón del paisaje que se extendía bajo nosotros, combatiendo las sombras que nuestro paso definía. Entre más cerca estaban del horizonte más agónicas se veían, como si cada segundo que pasaran fuera el último respiro de luz y libertad que pudieran darle a su querido mundo.
Su mundo, ahora lo entendía. Mi mundo, mi realidad, agonía, condena eterna, una tristeza reflejada en los ojos de todos que se apoderaba de los míos, esta sería la última vez que veríamos la luz antes del fin, podía sentir cómo mi corazón ardía mientras el fuego se condensaba preparándose para este final. Un sueño perpetuo se avecinaba, un sueño en el que el fuego que produciríamos estando en vigilia se condensaría en un pequeño sol dentro de cada uno de nosotros, pero todo tipo de destrucción y sufrimiento serían pospuestos hasta que aquellos bastardos pertenecientes a la raza humana acabaran con el mundo. Cuando ese momento llegara despertaríamos y determinaríamos el fin de su raza y de su mundo, dependiendo del alcance del daño habitaríamos solos en la miseria o en el paraíso, nuestra última orgía.
No me di cuenta en que momento pero habíamos atravesado la barrera entre la realidad humana y la nuestra, la magia y la doctrina, el bien y el libre albedrío. Esos puntos bajo nosotros que parecían carbonizados eran poblaciones humanas vistas con los ojos de la verdad, un suelo destrozado por todas sus ocurrencias en el que nunca más crecería de nuevo algo saludable, se podía ver en los pobres y escasos árboles que tenían dentro de sí, y todas aquellas líneas sin sentido que marcaban las rutas de comunicación que ellos utilizaban también tenían la marca de la muerte. Nuestro trabajo hasta el momento había sido sencillo, nos encargábamos de podar la mala hierba del mundo para que nuestra madre, la naturaleza, pudiera revivir... el fuego que sale de nosotros es distinto al que descubrió la plaga, el de ellos mata la tierra y el nuestro la revive, determinamos el fin del mundo de ellos pero en realidad somos sinónimo de vida, de una vida por la que sí vale la pena luchar... aunque hay veces en las que ya es muy tarde. No entiendo cómo los sabios pudieron tomar esta decisión.
Ellas también lo sabían, las responsables de nuestro atardecer nos daban una triste despedida que todos agradecíamos con pesar en nuestros corazones; su futuro también dependía de lo que iba a ocurrir en los días que venían. Volví a mirar al cielo deseando nunca borrar esa imagen de mi ser. Tal vez fue un delirio pero me pareció ver cómo una de ellas, en la lejanía, lograba brillar más que el resto, pero es casi ilógico pensar en ese tipo de diferencias egoístas entre seres tan puros, ¿qué podría significar? Tal vez era sólo una ilusión, ángulos de la luz y cosas por el estilo. Poco a poco nuestro campo de visión fue ocupado por nuestra condena, la montaña se alzaba con ímpetu en frente nuestro mientras, con resignación, descendíamos en hilera para poder entrar por el agujero cavernoso que nos esperaba, cerramos nuestras alas, con lo que encerramos también la poca dignidad que nos quedaba.
Antes de continuar nuestro líder nos dio otro orden, para mi desgracia volví a quedar en mi puesto habitual, al final... hasta esa momentánea dicha huía despavorida frente a mí. Acto seguido nos internamos en la caverna...
No sabía a dónde nos dirigíamos, y el estar detrás del líder me hacía más vulnerable a errores, todavía no había aprendido a manejar un alto rango. Me preguntaba qué estarían pensando de mí los demás, pero en la atmósfera se sentía que yo era lo menos relevante en la situación tanto como para no querer informarme de la misma… que desespero. Hasta el momento no me había dado cuenta que no habíamos atravesado ningún asentamiento humano, que raro con lo que habíamos volado prácticamente hubiéramos atravesado medio mundo, unos gritos de pavor hubieran sido de lo más relajantes en esta situación para todos. Miré a mi hermano, mi líder, en busca de respuestas. Él se dio cuenta y dirigió su mirada hacia el suelo, estaba surcado por varias líneas que iban de una mancha a otra que se distinguían porque allí no había vida, quizá uno o dos árboles por mancha, pero comparados con los árboles del bosque que dividían estaban casi muertos. Me sumergí en esos caminos tratando de averiguar por qué estaban allí, no formaban ningún tipo de símbolo ni había simetría en los trazos, estaban hechos por criaturas sin conocimientos y sin uso de la razón, hechos “porque sí”. De todos modos, nunca los había visto.
De un momento a otro las alineaciones redujeron el espacio que abarcábamos cogiéndome desprevenida, ya no faltaba mucho para llegar. Miré por primera vez hacia el frente. En el horizonte se alcanzaba a vislumbrar una gran cordillera de montañas, en su mayoría rocosas, pero sobresaliendo de ellas había un risco bastante afilado que cualquier forma viviente hubiera evitado por instinto. Ese era nuestro destino. Algo más captó mi atención, tras las montañas se podía distinguir un bello atardecer teñido de verde, algo que nunca me hubiera podido imaginar, cada línea dibujada en el cielo adquiría un matiz único que brillaba con luz propia y le otorgaba una cantidad especial a cada rincón del paisaje que se extendía bajo nosotros, combatiendo las sombras que nuestro paso definía. Entre más cerca estaban del horizonte más agónicas se veían, como si cada segundo que pasaran fuera el último respiro de luz y libertad que pudieran darle a su querido mundo.
Su mundo, ahora lo entendía. Mi mundo, mi realidad, agonía, condena eterna, una tristeza reflejada en los ojos de todos que se apoderaba de los míos, esta sería la última vez que veríamos la luz antes del fin, podía sentir cómo mi corazón ardía mientras el fuego se condensaba preparándose para este final. Un sueño perpetuo se avecinaba, un sueño en el que el fuego que produciríamos estando en vigilia se condensaría en un pequeño sol dentro de cada uno de nosotros, pero todo tipo de destrucción y sufrimiento serían pospuestos hasta que aquellos bastardos pertenecientes a la raza humana acabaran con el mundo. Cuando ese momento llegara despertaríamos y determinaríamos el fin de su raza y de su mundo, dependiendo del alcance del daño habitaríamos solos en la miseria o en el paraíso, nuestra última orgía.
No me di cuenta en que momento pero habíamos atravesado la barrera entre la realidad humana y la nuestra, la magia y la doctrina, el bien y el libre albedrío. Esos puntos bajo nosotros que parecían carbonizados eran poblaciones humanas vistas con los ojos de la verdad, un suelo destrozado por todas sus ocurrencias en el que nunca más crecería de nuevo algo saludable, se podía ver en los pobres y escasos árboles que tenían dentro de sí, y todas aquellas líneas sin sentido que marcaban las rutas de comunicación que ellos utilizaban también tenían la marca de la muerte. Nuestro trabajo hasta el momento había sido sencillo, nos encargábamos de podar la mala hierba del mundo para que nuestra madre, la naturaleza, pudiera revivir... el fuego que sale de nosotros es distinto al que descubrió la plaga, el de ellos mata la tierra y el nuestro la revive, determinamos el fin del mundo de ellos pero en realidad somos sinónimo de vida, de una vida por la que sí vale la pena luchar... aunque hay veces en las que ya es muy tarde. No entiendo cómo los sabios pudieron tomar esta decisión.
Ellas también lo sabían, las responsables de nuestro atardecer nos daban una triste despedida que todos agradecíamos con pesar en nuestros corazones; su futuro también dependía de lo que iba a ocurrir en los días que venían. Volví a mirar al cielo deseando nunca borrar esa imagen de mi ser. Tal vez fue un delirio pero me pareció ver cómo una de ellas, en la lejanía, lograba brillar más que el resto, pero es casi ilógico pensar en ese tipo de diferencias egoístas entre seres tan puros, ¿qué podría significar? Tal vez era sólo una ilusión, ángulos de la luz y cosas por el estilo. Poco a poco nuestro campo de visión fue ocupado por nuestra condena, la montaña se alzaba con ímpetu en frente nuestro mientras, con resignación, descendíamos en hilera para poder entrar por el agujero cavernoso que nos esperaba, cerramos nuestras alas, con lo que encerramos también la poca dignidad que nos quedaba.
Antes de continuar nuestro líder nos dio otro orden, para mi desgracia volví a quedar en mi puesto habitual, al final... hasta esa momentánea dicha huía despavorida frente a mí. Acto seguido nos internamos en la caverna...
